Conferencia pronunciada en el transcurso del 13º Convento y XV Fiesta de la Orden del Supremo Consejo del grado 33 y último del Rito Escocés Antiguo y Aceptado para España, que se celebró en Córdoba, durante los días 3 a 5 de noviembre de 2017.

A) EL MUNDO DE HOY Y NUESTRA RESPONSABILIDAD

Unas consideraciones preliminares acerca del título de esta ponencia:

A) El compromiso presupone asumir plenamente el sentido del deber.

B)El ser ciudadano requiere necesariamente la condición de miembro de una colectividad.

C)El que el compromiso ciudadano sea el “nuestro” indica que lo que expondré seguidamente es desde el ámbito de todos.

Si, además, partimos de la premisa de una concepción universalista, deberemos concluir que lo que se trata en este trabajo es el deber que todos tenemos para y con la Humanidad.

Recientemente Federico Mayor Zaragoza, ex-Director General de la UNESCO y Presidente de la Fundación Cultura de Paz en una intervención habida en septiembre de 2016 en Nueva York en la sede de las Naciones Unidas con ocasión del V Foro de Alto Nivel de las Naciones Unidas sobre Cultura de Paz expresó enfáticamente no solo su evidente inquietud sino la posibilidad absolutamente viable de alterar la actual tendencia, aparentemente irreversible, a favorecer un incremento bélico como presunta necesidad de la imprescindible defensa de nuestra seguridad.

Y al respecto afirmó:

“Es moralmente inaceptable que cada día mueran de hambre más de 20.000 personas al tiempo que se invierten en gastos militares y armamento 3.000 millones de dólares.

Con sólo que se redujeran un 10% por año y país los fondos invertidos en defensa y en el sector del armamento, la seguridad mundial actual seguiría sin verse afectada, mientras que las principales prioridades de las Naciones Unidas podrían ser implementadas ahora mismo, siendo estas grandes prioridades la alimentación, el agua, la salud, la ecología, la educación y la paz”.

El hasta muy recientemente Secretario General de las Naciones Unidas Ban-Ki-Moon dijo “el mundo está demasiado armado y la paz está insuficientemente financiada…Creemos que la transformación de la sociedad sólo puede lograrse manejando los conflictos de forma diferente y reasignando gastos militares”.

A pesar de ello, el actual Presidente de los E.E.U.U. Donald Trump, en los primeros presupuestos de su mandato, ha incrementado ostensiblemente los gastos militares utilizando, asimismo, una dialéctica en sus intervenciones de confrontación.

Hay problemas sociales contemporáneos que reclaman una acción concertada en el mundo para luchar contra ellos (las adicciones, la fármaco-dependencia, el terrorismo, las enfermedades, las guerras, la persistente explotación de seres humanos, especialmente de mujeres y niños) a fin de prevenir la degradación de los hombres y mujeres del futuro.

Dada la capacidad de destrucción masiva de la vida vegetal y animal, y por tanto, la posible extinción de la humanidad, que tienen las armas atómicas y químicas de nuestra época, nos debemos pronunciar por su abolición y por una política de concordia universal.

Si resaltamos algunas de las características de la sociedad de hoy, entiendo que la mayor parte de la ciudadanía comparte que, entre las mismas, están la globalización, el cambio de la centralidad del mundo y un nuevo orden mundial, la densidad de información y el aumento del ritmo de vida, a veces incluso excesivamente cambiante y veloz, que dificultan la imprescindible reflexión para afrontar eficazmente los verdaderos objetivos del ser humano, la multiculturalidad existente ya incorporada a la vida cotidiana, la transversalidad generacional y socioeconómica a pesar de que la reciente grave crisis económica ha comportado un considerable aumento de la pobreza ante la cual no ha habido, por parte de la Administración Pública Española, una respuesta siquiera razonable, haciendo, si cabe, mas imprescindible una mas justa distribución de los bienes que se generan, la clara tendencia a la pérdida de libertades y de transparencia en aras a una mayor presunta seguridad y el creciente sentimiento y conciencia de que la ciudadanía debe tener una mas directa participación en las tareas colectivas, que ayude también a cercenar definitivamente las estructuras favorecedoras a la corrupción y a la falta de ética.

En el libro “Redes de indignación y esperanza” del sociólogo Manuel Castells se aborda el tema de la nueva era que se está iniciando tanto en términos tecnológicos, económicos, culturales, políticos e institucionales significando que las instituciones serán, por un lado, cada vez más supranacionales pero que las identidades, en su mayoría, serán cada vez más locales lo que comporta una evidente complejidad.

Manifiesta también que hay dos procesos de cambios, uno que deriva de los movimientos sociales y otro de posiciones nacionalistas, defensivas frente a la globalización.

No nos podemos limitar, creo yo, al mero análisis de lo que sucede sino que, como ya apuntó Marx, debemos implicarnos en la mejora del mundo, pero antes, como concretó Heidegger, hay que pensar como se cambia.

“Filosofar, decía Henry Corbin, no es ser espectador de la filosofía, sino actuarla”.

Pues bien, muchas tienen que ser las organizaciones que favorezcan e impulsen las medidas para avanzar en libertad, equidad e igualdad y, entre ellas, la Francmasonería, siendo imprescindible que se incremente el convencimiento de que un ciudadano, solo a través de su acción, dentro de los cauces legalmente existentes, aunque con los cambios que sean constantemente precisos, puede y debe ganar el futuro necesario y deseado.

“La Masonería es el arte de educar pura y polifacéticamente al hombre en cuanto hombre, y a la Humanidad en cuanto Humanidad, es decir, el arte de despertar, dirigir y formar plenamente su vida; el arte de alcanzar todo aquello a lo que el hombre está llamado. Y es a la vez la totalidad de todos los conocimientos y artes que pertenecen necesariamente a esa tarea”. (“Los tres documentos más antiguos de la hermandad masónica”, Krause 1820).

En mi opinión, el masón como ciudadano no debe limitarse al cumplimiento de las obligaciones emanadas de la ética individual, pues entiendo que tiene una dimensión pública que exige su participación activa en la construcción de una sociedad democrática y, por tanto, en la vigilancia sobre el Estado para que en todo garantice el ejercicio de las libertades públicas, sin que ello presuponga que la Francmasonería como Institución sustituya a los sujetos de la acción social o política.

“Su aspiración es de servicio e influencia en la sociedad civil para producir, una vez más, cambios sustantivos en el avance, hacia lo Alto, de la Humanidad”. (Sentido y misión del R.E.A.A. según el Supremo Consejo para España).

La Francmasonería, desde que, a primeros del siglo XVIII, se organizó en los parámetros todavía vigentes, es universal, lo que permite asegurar que está innatamente preparada para la actual globalización, su método de trabajo es introspectivo y simultáneamente racional, por lo que prepara a sus miembros para los avances científicos compatibilizando la preparación de su vía deductiva con la intuitiva, es defensora de la tolerancia, incluso respecto a quienes la atacan, tanto porque considera que la diversidad humana es consustancial con nuestra naturaleza como porque nuestra limitada capacidad humana nos imposibilita conocer la verdad absoluta, a pesar de su verdadera esencia, y favorece también el plantearse la vida según las leyes de la Naturaleza.

La misión del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, según expone el Supremo Consejo para España en su web, se materializa en formulaciones y consecuencias de carácter práctico:

-En el ámbito interno o psicológico.
-En el ámbito externo o ético-sociológico.
-En el ámbito jurídico.
-En el ámbito pedagógico.
-En el ámbito económico
-En la esfera intelectual
-En cuanto a las creencias
-En el plano internacional
-Por último cabe decir que el R∴E∴A∴A∴ propone la existencia de textos Constitucionales que recojan los principios en los que quede salvaguardada la libertad y la justicia frente a todo abuso de poder, debiendo estar el poder militar subordinado siempre al civil.

Tal como ya se concluyó en el I Encuentro de los Cuerpos Jurisdiccionados del Supremo Consejo del Grado 33º en Andalucía celebrado en esta ciudad el pasado 22 de octubre, una Institución como la masonería debe plantearse permanentemente el ofrecer modelos para el debate social en cualquier ámbito por cuanto la vía masónica debe tener, como uno de sus objetivos, la formación humanista integral que incluye obviamente el de la formación ciudadana y, para ello, se debe aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser ya que, si el trabajo masónico no sirve para el progresivo cambio, simplemente no sirve.

También se concluyó que vivimos en una sociedad en donde se han perdido valores fundamentales para el desarrollo integral y humanista del ciudadano tales como el esfuerzo, el valor, la gestión de la frustración, el respeto a las reglas o la esperanza primando en la sociedad el interés propio por encima del interés común.

“La Francmasonería tiene por misión combatir a la ignorancia bajo todas sus formas, y constituye una escuela de enseñanza mutua, cuyo programa se encierra en los siguientes lemas: obedecer las leyes del país, vivir con honra, practicar la justicia, amar a sus semejantes, y trabajar sin cesar por la felicidad de la humanidad y por su progresiva y pacífica emancipación” (artículo 5 de las Institutas de 1.875).

Calvin Coolidge, estadista americano de primeros del siglo pasado, dijo: “La educación consiste en enseñar a los hombres, no lo que deben pensar, sino a pensar” y William Godwing, escritor inglés del siglo XIX, puntualizó que “El verdadero objeto de la educación, como el de cualquier otra disciplina moral, es engendrar la felicidad”.

En un reciente libro del pensador y autor Edgar Morin, titulado “La Vía-Para el futuro de la humanidad”, que, a su vez, es el libro respecto al cual el autor de “Indignados” y “Comprometeos”, Stéphane Hessel, ha manifestado que incluye las respuestas a los problemas actuales de nuestra sociedad, afirma (Página 262) que “La ética cívica es la ética del ciudadano que debe asumir sus deberes para con la colectividad en la sociedad dentro de la cual goza de derechos”, tras manifestar que hay que concebir la ética en tres direcciones: La individual, la cívica y la del género humano.

En mi opinión, el planteamiento que hace Edgar Morin coincide plenamente con el fundamento ético de la Francmasonería en cuanto a su dimensión ética y social.

Justamente por ello el masón debe ser objetivamente analítico, amante de la verdad, honesto y capaz de una permanente y apacible actitud crítica que ayude al progreso en evolución constante y positiva tendencia en razón a la consustancial naturaleza cambiante.

La Francmasonería es tan actual y necesaria como lo es la mejora en paz del ser humano en la búsqueda de su plena liberación.

Debo concluir, en esta primera parte de mi exposición, manifestando que la Francmasonería contempla, al menos, tres niveles graduales para el progreso del individuo y de la colectividad:

El de la ética natural, lo que requiere el principio socrático de conocerse a sí mismo, la dimensión social, que podrá abordarse eficazmente si se ha asumido e interiorizado las convicciones éticas y finalmente la dimensión espiritual, que no religiosa, canalizadora de la esencia de todas las tradiciones espirituales que permitan converger en la denominada Tradición Primordial.

“La transformación no sólo tiene que ser política y social, sino de la vida misma. Es necesaria una transformación existencial que trastoque no sólo cómo nos comportamos en sociedad, sino también nuestras relaciones con nosotros mismos, con la naturaleza; y nuestras prioridades en la vida” (Luciano Concheiro).

Se trata, como decía D.T. Suzuki, del momento en el que el espíritu finito comprende que está arraigado en el infinito.

B) DERECHOS Y DEBERES SOCIALES

“La transformación no sólo tiene que ser política y social, sino de la vida misma. Es necesaria una transformación existencial que trastoque no sólo cómo nos comportamos en sociedad, sino también nuestras relaciones con nosotros mismos, con la naturaleza; y nuestras prioridades en la vida” (Luciano Concheiro).

Se trata, como decía D.T. Suzuki, del momento en el que el espíritu finito comprende que está arraigado en el infinito.

Derecho: Concepto

El Derecho es el orden o conjunto normativo e institucional de la conducta humana en sociedad inspirado en postulados de justicia, cuya base son las relaciones sociales existentes, que determinan su contenido y carácter. En otras palabras, son las normas que regulan la convivencia social y permiten resolver los conflictos intersubjetivos.

El Derecho, para que sirva adecuadamente a su razón de ser, debe ser vivo y dinámico, por lo que debe preverse y actualizarse permanentemente.

Ciudadanía

Ciudadano es –en general- la persona que, formando parte de una sociedad, es titular de derechos y obligaciones. La condición de miembro de dicha comunidad se conoce como ciudadanía.

La actual Constitución Española proclama los Derechos y Libertades de los españoles en sus artículos del 14 al 29 y los Derechos y Deberes de los ciudadanos del 30 al 38.

La ciudadanía se puede definir también como “El derecho y la disposición de participar en una comunidad, a través de la acción autorregulada, inclusiva, pacífica y responsable, con el objetivo de optimizar el bienestar público”.

Si bien todos tenemos la idea clara de la diferencia que hay entre súbdito (persona dependiente de otra quien tiene pleno poder sobre ella) y ciudadano (persona con plena capacidad jurídica y de obrar dentro de un Estado de Derecho), en la realidad existen distintos criterios sobre lo que verdaderamente es y significa ser ciudadano por cuanto, en función de la legalidad existente en un país democrático, la viabilidad real de incidir por parte del miembro de ese país en las cuestiones colectivas será mayor o menor.

¿Cuál debe ser, en mi opinión, la actitud responsable hoy en día del ciudadano? ¿Puede la Masonería favorecer o impulsar esta responsable actitud?.

La Masonería ha influido en modificaciones sustantivas del rumbo en el avance de la Humanidad. Este es un hecho difícil de refutar. La Alta Masonería del siglo XIX, propuso e incluyó en sus Principios unos derechos básicos de los seres humanos, entre los que podemos citar:

El derecho a la vida y a la seguridad de la misma.
El derecho a la libertad de conciencia y de culto.
El derecho a la libre expresión y difusión del pensamiento.
El derecho a una existencia digna y al trabajo.
El derecho a la inviolabilidad del domicilio y de la correspondencia.
El derecho a la escolaridad y formación pluralista; la enseñanza escolar gratuita y el aprendizaje de un idioma universal.
La separación e independencia de la Iglesia y el Estado.
La libertad de reunión, asociación y huelga pacífica.
La instauración de la justicia gratuita y de la institución del Jurado.
El espíritu pacifista y la creación de un servicio militar defensivo y voluntario.
El gobierno de los Estados como expresión de la soberanía popular a través del sufragio universal.
El matrimonio civil y la igualdad de los hijos ante la Ley.
La abolición de la pena de muerte.

Los principios de libertad e igualdad conllevan, por nuestra dimensión ética y social, la responsabilidad como ciudadano, pues, como todos asumimos, nuestra libertad acaba respetando la del otro. Los derechos requieren, por tanto, deberes. Ya Simone Weil dijo “no habrá un mundo respetuoso con los derechos humanos, mientras no haya una declaración de los deberes humanos”.

Aunque el ordenamiento jurídico es y será siempre imprescindible, debemos, por convicción, intentar superar el sentido restrictivo de exigir y acatar los derechos y deberes para actuar libremente de manera acorde y consciente en aras a los objetivos que dan sentido a nuestra actual existencia y a nuestra vida.

Ello requiere madurez como persona y como ciudadano y la madurez se alcanza con educación y reflexión.

La deshumanización, el materialismo y las posiciones xenófobas de significada intensidad en la actualidad, como se ha constatado con la vergonzosa actitud europea ante el injusto drama de los refugiados y emigrantes por causas diversas, propician, por una parte, la radicalidad y, por otra, siembran evidentes riesgos de violencia.

Pero para cumplir con la misión de la Francmasonería, según he significado antes, debo preguntarme ¿qué debe seguir haciéndose? Pues, incentivar a que los avances continúen, propiciando un concepto de ciudadanía global e integral.

La Francmasonería posibilita, si se entiende y practica adecuadamente, el perfeccionamiento de la persona humana con una plena implementación de la espiritualidad y el humanismo. Simultáneamente, mejora al ciudadano. Ello es así porque sus principios, su método y su estructura organizativa son adecuadas para ello. Y, además, su eficaz potencialidad subsiste.

La necesidad de que exista un gobierno o una administración para un determinado colectivo no lo rechaza siquiera quien pueda tener un planteamiento contrario a cualquier tipo de poder. Otra cuestión distinta, es la diversidad de criterios que pueden existir sobre el tipo de gobierno u administración para que sea razonable y positivo así como el tipo de colectivo que conviene organizar o estructurar.

Como sabéis, la Francmasonería no aborda concretas fórmulas de carácter político o religioso aunque parte de la premisa de la libertad de pensamiento en cuestiones de filosofía política, social o espiritual.

Evidentemente, la educación es un instrumento de poder como lo es la información, Pero no se pueden reformar las instituciones sin haber reformado antes las mentes. No obstante, no se pueden reformar eficazmente las mentes si antes no se han reformado las instituciones.

Ante esta aparente paradoja, entiendo que debe ser posible el progreso individual y colectivo (Raj Sisodia, fundador del capitalismo consciente, afirma que sólo habrá progreso si progresamos todos) si los responsables de los poderes públicos se plantean realmente educar ciudadanos libres y no súbditos (con independencia de los eufemismos que utilicemos) manipulables o influenciables desde el poder instituido. Es una vergüenza, por ejemplo, que aceptemos pasivamente los niveles de analfabetismo todavía existentes, incluso en nuestro llamado primer mundo y en nuestro próximo entorno.

La apertura permanente de mente y de corazón son premisas necesarias para que exista progreso. Si alguna vez creemos que hemos llegado a la meta es que, incluso inconscientemente, nos hemos detenido en el progreso que exige nuestro compromiso personal, social y existencial.

Debemos, por tanto, tener la firme voluntad o conciencia objetiva de intervenir para, a modo de los alquimistas de cualquier época, cambiar tanto nuestra realidad como la de nuestro entorno y, por ende, la de la Humanidad misma, motivando especialmente a las nuevas generaciones.

Deberíamos, en consecuencia, influir para que “la potestas” esté en manos de personas convencidas de lo antes expuesto y que sean capaces de impulsar estructuras eficaces para hacerlo realidad, avanzando poco a poco, con realismo y altruismo, hacia ámbitos adecuados para que los objetivos programados se vayan alcanzando eficazmente en los menores tiempos posibles. Probablemente, para ello, habría que ampliar los ámbitos territoriales y personales hoy existentes para que sus órganos de gobierno tengan algunas de sus competencias y mantener o reducir otros para otras materias. Por ejemplo, entiendo que temas tales como la ecología, la energía o la economía exigen ámbitos territoriales más amplios que los actuales y la cultura, que necesariamente incluye las artes, las lenguas o la sensibilización hacia una convivencia multicultural en paz, precisan ámbitos territoriales reducidos.

El mundo ha cambiado y sigue cambiando. La globalización es un hecho evidente. Europa ya no es el ombligo del mundo. Debemos actuar con idealismo en los objetivos pero con gran realismo y pragmatismo en el proceso a seguir y en los medios a utilizar.

La superación de la idea del Estado nacido en la edad moderna, lo que no significa la supresión de la autoridad civil legitimada mayoritariamente por la ciudadanía que participe, consciente y activamente, en los asuntos colectivos, es una imperiosa necesidad tanto por el aumento significativo de los ámbitos territoriales y personales sobre los que debe ejercerse el referido poder civil como por la imprescindible actualización de las competencias a distribuir entre las autoridades civiles de cada ámbito territorial en la nueva estructuración social.

Al ser las personas el origen y el objetivo de la acción pública y meros mandatarios de aquéllos quienes la administran, debe tenderse a una nueva estructura social que, por lo dicho, modifique los ámbitos personales y territoriales y establezca las competencias de cada ámbito en aras al verdadero destinatario de toda acción pública, el individuo y su razón de ser en este mundo.

El compromiso social de convivencia exige el mutuo y recíproco respeto a la sensibilidad, cultura y objetivo vital del otro. La diversa pluralidad debe convivir pacíficamente.

Asumir la multiculturalidad, para integrarla en una comunidad respetuosa de la diversidad, requiere también, no solo luchar contra la xenofobia sino ser positivamente receptivo a los movimientos migratorios, porque, además, con convicción universalista, el mundo no se puede parcelar. Esta receptividad la exige razones humanitarias, de justicia y de derecho internacional, pero también el pragmatismo económico y, por supuesto, la misión de la Francmasonería que sólo se cumple si tiene una permanente visión o convicción universal.

Nuestro país ha sido, a lo largo de la historia, tanto un paso y cruce de civilizaciones diversas como un referente mundial de expansión de nuestra cultura pudiendo ser ejemplo de ello, en cuanto a la multiculturalidad, ciudades como Toledo y Córdoba y, en cuanto a la expansión cultural con integración humana, nuestra aportación a los países americanos.

La limitación de la competencia humana tiene una motivación acomodaticia que favorece a corto plazo pero que empobrece a largo y, incluso inconscientemente, paraliza el imprescindible espíritu emprendedor, de esfuerzo y de excelencia.
Debería alcanzarse un sistema que permita amortiguar y equilibrar la natural tendencia de todo ser humano a la dominación; la superación y el progreso no se alcanza con la subordinación sino con la integración positiva o superadora de los antagonismos.

Por todo ello, la comunidad resultante debería ser el resultado de la reflexión colectiva, libremente asumida, que perfeccione, por convicción y evolución, las actuales ideas tanto del Estado como de la Sociedad.

El principio de Igualdad ante la Ley requiere siempre y constantemente, en su aplicación práctica, la corrección del criterio de equidad pues una consideración igualitaria, que no tenga en cuenta las personales características, potencialidades, circunstancias y necesidades de cada individuo, es injusta. Homogeneizar es empobrecer. La vía debe ser la concurrencia de voluntades en aras a comunes objetivos.

Las mas altas cotas de libertad se alcanzan si somos capaces, por una parte, de asumir las limitaciones, facultades y capacidades de nuestra naturaleza humana (Gide manifestó: “Cree en aquellos que buscan la verdad y desconfía de los que la han encontrado”) y, por otra, si no olvidamos que el final de nuestra vida terrenal nos es consustancial (aceptación de la muerte de nuestro cuerpo físico). A partir de asumir tan difícil lucidez se pierden las inquietudes y los temores que condicionan y atenazan nuestra libertad.

Juan Manuel Opi, que se autodefine como psicoterapeuta transaccional, afirma que la felicidad es una decisión y una acción y que “solo la inteligencia será inteligente si se orienta a proporcionarte felicidad por encima de cualquier otra cosa”.

El citado principio de igualdad debe conllevar inexorablemente, si se aplica honestamente, al de ayuda mutua o mutualidad y este al de la disolución del egocéntrico impulso o sentido del poder como preeminencia de un ser humano sobre otro. La mutualidad nos prepara para el sentido unitario de la humanidad con aceptación implícita de su natural diversidad.

Ya Rudolf Rocker sostenía en 1.942 en su libro “Nacionalismo y Cultura” que el camino de la liberación requiere primero tomar conciencia para seguidamente la puesta en práctica de la fraternidad universal. Efectivamente, una vida social libre depende en primer lugar, de la expansión de la propia conciencia y el advenimiento de una sociedad justa deriva del perfeccionamiento moral de la humanidad.

El propio Séneca ya afirmó que “en la tormenta es cuando se conoce al buen piloto”.

Ciertamente, no se suele tener conciencia de que nuestra existencia acontece en un contexto espacial y temporal definido, reducido y limitado y que lo importante, siempre que nuestra sensibilidad social sea sincera, es el pequeño grano de arena que tenemos la posibilidad de aportar a la Humanidad, siendo ésta a su vez un microcosmos del mismo Cosmos.

Declaración Universal de Derechos Humanos

El 10 de diciembre de 1948, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó y proclamó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

Esta Declaración considera esencial que los derechos humanos sean protegidos por un régimen de Derecho, a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión, a fin de que, tanto los individuos como las instituciones, inspirándose constantemente en ella, promuevan, mediante la enseñanza y la educación, el respeto a estos derechos y libertades.

El sistema jurídico interno proporciona la principal protección jurídica de los derechos humanos garantizados por el derecho internacional.

Por otra parte, el 18 de diciembre del 2.000 se publicó la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea.

El contenido de esta Declaración y de esta Carta, que también recomiendo conocer, y su defensa y promoción reales nos permitirá cumplir mejor con una de nuestras misiones como personas y como ciudadanos, la de ser útiles a la Humanidad.

Entiendo que es fácil que cualquiera de nosotros nos podamos preguntar si la legalidad es un encorsetamiento o limitación al libre pensamiento, premisa necesaria para la creatividad y el progreso. En mi opinión, al igual que el ordenamiento jurídico en un estado democrático debe hacer posible el libre desenvolvimiento del ciudadano con respeto y garantía a la pluralidad de sus derechos individuales y colectivos, las normas deben posibilitar también, en libertad y en igualdad, el perfeccionamiento y la trascendencia a la que cualquier ser consciente aspira.

Mantener una actitud abierta al cambio de la legalidad para adecuarla y actualizarla constantemente en razón a la propia permanente evolución humana, con escrupuloso respeto a la Tradición Primordial, debe formar parte de nuestra autoexigencia.

Debemos ser siempre críticos y rebeldes contra la injusticia y la mayor de todas es la pasividad ante la pobreza de todo tipo y debemos luchar constantemente por la Paz y la Solidaridad.

La catedrática de ética y filosofía política Adela Cortina ha abordado el cambio de nombre de la patología social consistente en el rechazo a la pobreza, al denominarla últimamente aporofobia, que, en mi opinión, es una manera de pretender academizar hipócritamente una realidad social a fin de dificultar los cambios que para afrontarla con eficacia la justicia exige. La profesora citada indica que “La aporofobia tiene raíces cerebrales, pero también sociales, así que se puede y se debe modificar. Los seres humanos estamos dispuestos a dar con tal de tener expectativas de recibir algo a cambio, y el pobre queda fuera de esa posibilidad”.

La libertad y el respeto a otro ser humano, así como el constante progreso social, requieren, sin embargo y no es contradictorio, paz y orden.

El gran reto de la educación del futuro será enseñar también a afrontar la incertidumbre.

La vida es permanentemente dinámica y cambiante. Pararse es morir. Temas muy actuales como la llamada inteligencia artificial o la creciente tendencia a abandonar la escritura a mano, comportarán progresivamente cambios tanto en el cerebro humano como en nuestra manera de pensar.

La actitud que debe siempre mantenerse es de disciplina, trabajo, que es el instrumento necesario para la creación humana, y esfuerzo.

Esta actitud es perfectamente compatible con un sentimiento positivo o gratificante ya que, siendo el deseo el motor de la acción humana, la razón o motivo del deseo, que nos impulse, implica que el trabajo y el esfuerzo sean o no gratificantes.

Y como ciudadanos debemos cambiar nuestra actitud para ser partícipes reales en una democracia activa. Kristoffer Gandrup, director de innovación del Unicef afirma que “El gran enemigo del progreso es la apatía y sólo la acción apasionada, pensando que lo que hagas tiene un impacto, favorece el progreso”.

Nuestro perfeccionamiento será mayor y más rápido si nuestra motivación es permanentemente positiva.

¿Qué se consigue con una actitud negativa?: Nada. El escepticismo que genera una duda razonable es motor del progreso pero un escepticismo existencialista negativo conduce normalmente a la pasividad y, consecuentemente, a la falta de la imprescindible dinámica o motor personal para el progreso.

El esquema hegeliano de tesis, antítesis y síntesis es favorable a los avances por la vía de la razón y, si son experimentados, a los de la ciencia. Pero cualquier método deductivo es y debe ser compatible con el inductivo o intuitivo. Muchos de los avances científicos han surgido inicialmente de una chispa o visión intuitiva de quien posteriormente la ha podido racionalizar y acreditar.

En cuanto a la dimensión espiritual o natural tendencia a plantearnos nuestra transcendencia, citaré, en primer lugar, a Teilhard de Chardin cuando dijo: “La única religión aceptable para el hombre es la que le enseñará ante todo a conocer, amar y servir apasionadamente al universo del cual es el elemento mas importante”.

En un reciente artículo periodístico de José Ignacio González Faus se expone, a mi parecer de forma sintética pero muy lúcida y en base justamente al pensamiento mencionado de Teilhard de Chardin, que “La ciencia ha ido descubriendo que la creación se lleva a cabo mediante un proceso de unión creativa, pues la gravedad, como prefiguración del amor, es la fuerza misteriosa e inexplicable que acaba siendo la fuerza unitiva y creadora del amor y que la humanidad camina hacia formas inéditas de socialismo en comunión y en libertad”.

Como el ser humano tiene el sentido de la trascendencia o la necesidad de trascender , no sería íntegra la educación si no se abordara en ella la dimensión espiritual, entendida desde la visión o perspectiva de lo trascendente, por lo que obviamente la Francmasonería también permite conectar con esta dimensión, pero desde una concepción no religiosa, pues tiende a que quien la practica encauce su búsqueda hacia lo común o esencial de todas las tradiciones eliminando toda sensibilidad de competencia, ya que el camino hacia lo Absoluto debe ser libremente elegido por cada uno sin que la Unidad pueda parcelarse en su esencia. Si se parcela es por nuestras limitadas potencialidades.

Deberíamos tender a vivir de conformidad a las leyes de la naturaleza y no alejándonos de ellas y aprender de las mismas porque el ser humano es parte integrante del Cosmos y, por tanto, de la tierra, que evoluciona por sí misma y es nuestro actual hábitat pero no es de nuestra propiedad, por lo que pretender adaptarla a nuestras egocéntricas voluntades es apartarnos del camino de nuestro Destino y de nuestra verdadera naturaleza. En contra del parecer fundamentado en meros criterios economicistas, alejarnos de lo natural nos impide tender a la felicidad. Esta idea debería ser, en mi opinión, también el fundamento central del Derecho ecológico o medioambiental.

La educación debe, entre otros aspectos, incentivar el proceso de estructuración del pensamiento, favorecer la imaginación creadora, enriquecer las formas de expresión, generar procesos para atender las desigualdades de todo tipo. Debe introducir el placer a la Cultura y a la práctica de las Artes y de las Ciencias, no como caminos diferenciados y opuestos sino compatibles y complementarios. Y, a su vez, sembrar el amor a la observación, a la estética y a la investigación.

La búsqueda de la felicidad es y debe ser el centro o meta de todo proceso de perfeccionamiento.

Obviamente, el ayudar a pensar para hacer posible que seamos felices, no puede ser ajeno a nadie con sentido humanista.

C)EL TRABAJO

La sociedad occidental ha asumido el trabajo como una consecuencia del castigo divino por la caída en el Paraíso Terrenal a raíz del llamado Pecado Original.

Efectivamente, el Génesis dice: “Con grandes fatigas sacarás de (la tierra) ella el alimento en todo el curso de tu vida“Génesis-3,17. “Mediante el sudor de tu rostro comerás el pan” Génesis-3,19. “Y lo echó el Señor Dios del paraíso de deleites para que trabajase la tierra” Génesis-3,23.
Adam Smith en su conocido libro “La Riqueza de las Naciones” concibió el trabajo como la verdadera medida del valor.

La afirmación y consideración de Adam Smith es ciertamente válida, en mi opinión, desde una perspectiva técnica pero no puede servir de premisa para una concepción filosófica, al igual que la economía debe estar al servicio de la política y ésta a la de la filosofía, la que, a su vez, debe estar fundamentada y orientada en el progreso y bienestar del individuo y, por ende, de la Humanidad.

Marcos Peña, Presidente del Consejo Económico y Social del Estado Español, expresó que “existe compatibilidad entre la recuperación, tras la crisis económica, con el aumento de la desigualdad, lo que es un hecho negativo social y económico y que las desigualdades no solo afectan a las rentas sino también son territoriales, de género o relacionadas con la edad. Y que todo ello requiere de una tarea social y de una responsabilidad institucional.

A través del trabajo, se consigue, paulatinamente, la transformación o transmutación de nosotros mismos. El trabajar en nuestro propio interior requiere previamente el trabajo de conocerse a sí mismo. En este sentido, simbólicamente puede afirmarse que el trabajo posibilita no solo la creación de obras, transformando las cosas materiales o inmateriales existentes, sino nuestra propia creación siendo la vía de perfección que hemos asumido.

Si consideramos tanto el principio hermético de “como es arriba es abajo” y el bíblico de que “el hombre se hizo a imagen y semejanza de Dios”, se puede comparar, especulativamente, la creación de Dios con el trabajo humano, al ser este el medio para la obra humana creada por el hombre.

Alternando nuestra perspectiva del trabajo asumiendo, por una parte, que es el instrumento de nuestra creatividad y, por otra, que es el medio por el que efectuamos nuestra aportación al progreso de la Humanidad, cambiamos el sentido cultural que sobre el mismo ha habido hasta el presente, que nos lleva a percibirlo como un castigo divino y, por tanto, como un esfuerzo negativo permanente en lugar de alcanzar una motivación positiva y generadora de alegre altruismo.

Por ello, es posible afirmar que el trabajo nos libera.

Ya Marco Aurelio dijo: “Has de ser amigo del esfuerzo y perseverante, pues todo momento presente es un futuro de la eternidad” y Séneca concluyó que “El trabajo es el alimento de las almas nobles”.

D)EL PRESENTE Y EL FUTURO

Realmente nos encontramos en un periodo de transición. Consecuentemente, de crisis (especialmente durante las mismas pueden favorecerse los cambios necesarios), con cambio de valores, con la lógica globalización económica, tecnológica y de comunicaciones, con el deseable control medio ambiental, lo que presupone nuevas fuentes energéticas, de incremento del paro y de la pobreza, lo que nos plantea, además, un peligroso riesgo de quiebra social, de avances científicos, entre ellos la biogenética, y de interculturalidad, que requieren la real asunción de la diversidad y una sincera aceptación de que todos formamos parte, en igualdad, de la Humanidad.

Franco Berardi Bifo, filósofo italiano, interesado en las dinámicas culturales y sociales contemporáneas, significó, en una entrevista titulada “la Solidaridad es el antídoto de la precariedad”, que la informática, que abre, entre otras posibilidades, la viabilidad del teletrabajo, la inteligencia artificial o la robótica hacen posible la producción de todo lo que nos hace falta sustituyendo y eliminando cantidad de trabajo humano.

El Foreign Office, en su informe del pasado año, decía que el 45% de los trabajos con los que hoy la gente se gana la vida podría desaparecer mañana porque ya no son necesarios.
Ello exige, y nos exige, respuestas, tanto sobre si tiene sentido el trabajo; como, en caso afirmativo, ¿cuál es su sentido? Y cual debe ser el camino a seguir.

Efectivamente existe la conciencia de que es necesario cambiar.

Pero ¿por qué no se adoptan las necesarias medidas para el cambio?. Creo que porque sigue dominando la ambición, la codicia y el deseo de poder de unos respecto a otros. Deben cambiar las mentes y los corazones para hacer realidad posteriormente los cambios de todo tipo imprescindibles.

La Asamblea de las Naciones Unidas acordó en el año 2007 que el 20 de Febrero fuera el Día de la Justicia Social. En la Cumbre Mundial sobre Desarrollo Social de 1995 en Copenhague, 117 Jefes de Estado y de Gobierno se comprometieron a abordar en esta nueva era mundial los graves problemas sociales del mundo con una triple agenda: erradicar la pobreza material, promover el pleno empleo y fomentar la integración social de los más desfavorecidos.

Tras las ideas y las buenas intenciones debemos pasar a la acción bien orientada.

El hombre forja su propio destino. El siguiente poema lo expresa con claridad:

“Un barco navega hacia el este, otro al oeste,
El mismo viento sopla sobre ambos.
No es el viento, sino la posición de las velas
Que decide hacia dónde vamos.”

En el actual sistema socioeconómico de producción, dominante en el mundo, creo que las fórmulas que mejor se adaptan a lo anteriormente expuesto, son las englobadas en la llamada economía social.

No tengo la capacidad personal para vislumbrar nuestra realidad futura, pero creo firmemente que solo con la permanente convicción de que el ser humano dignificado es el centro, y, por lo tanto, el destinatario, de nuestro cotidiano quehacer, puede realmente generarse progreso, es decir, cambio positivo de la sociedad.

Al igual que se deduce de la filosofía del absurdo de la obra de Albert Camus, “El mito de Sísifo”, sobre las circunstancias del ser humano contemporáneo, al parecer inmerso en esfuerzos sin sentido, su vida no tendrá más valor que el de lo que sea capaz de crear.

No es que haya que conciliar la vida profesional con la personal y la familiar; es que hay que plantearse el objetivo vital de la felicidad siendo el trabajo nuestra actividad creadora.

El trabajo, asumido como la actividad creativa del ser humano, junto al sentido unitario de la Humanidad, conllevan a la verdadera transmutación social.

Frédéric Lenoir en su libro “El alma del mundo” aborda la crisis de valores de la sociedad actual y explora la búsqueda que se debe emprender para que esta sociedad se salve.

En este sentido afirma que el ser humano, tras obtener sus derechos, debe descubrir sus deberes y que debemos caminar hacia un mundo en el que vayamos más allá del consumismo para adentrarnos en una búsqueda de la vida interior en la que la persona pueda desarrollar sus capacidades. Es la época de la responsabilidad. El individuo se ha emancipado de las tradiciones y los grupos y ha conseguido sus derechos, pero ahora tiene que descubrir sus deberes hacia los demás, hacia la sociedad, hacia el planeta.

Asimismo, tras aseverar que actualmente estamos viviendo una época similar a la del inicio del Renacimiento con desmoronamiento de referencias y aparición de otras nuevas, agrupa en siete puntos las claves comunes que, a lo largo de la historia, han tenido las grandes ramas de la sabiduría, exponiendo que son:

-Dar sentido a la vida. Para ello hay que pasar del tener al ser y del siempre más al siempre mejor.

-Que debemos hacer buena la fórmula “mens sana in corpore sano” compartiendo con André Malraux que la revolución será espiritual o no será.

-Que las relaciones evolucionan en este equilibrio frágil de egoísmo y altruismo. Cuando el altruismo es más fuerte, la pareja es cada vez más profunda y sólida. Cuando el egoísmo es más fuerte, la relación es más frágil, porque esperamos que nuestra pareja siempre nos vaya a dar lo máximo.

-Expone las cualidades que debemos cultivar y aquello que debemos desechar.

-Que la razón y la filosofía son premisas esenciales para obtener la verdadera libertad.

-Que la felicidad y la infelicidad se encuentran dentro de nosotros por lo que debemos mantener lo tradicional que nos hace felices prosperando en libertad.

-Expone su arte de vivir defendiendo y reivindicando la filosofía y la espiritualidad.

Como se puede constatar, existe una coincidencia entre su pensamiento y el que yo he expuesto a lo largo de esta ponencia.

En unas recientes jornadas que los miembros del Supremo Consejo para España hicimos en Poblet se alcanzaron, en una participación abierta entre todos los asistentes, unas conclusiones sobre temas diversos pero que, en esta ocasión, entiendo relevante resaltar dos aspectos que afloraron: Algunas de las características de la sociedad actual y lo que la Francmasonería debería también propiciar.

Respecto a las características de la sociedad actual se significaron las siguientes:

-La velocidad de cambio social no necesariamente equilibrado y los retos que ello comporta.

-Los efectos de todo tipo, negativos y positivos, de la globalización.

-La dependencia cibernética y sus riesgos.

-Y el aparente transhumanismo previsible.

Y sobre lo que la Francmasonería debería también favorecer se subrayaron:

A)Una elevación de nuestro nivel de pensamiento intelectual para entender lo espiritual, sin banalizar ni eliminar el contenido iniciático y evitando la intromisión profana que desvirtúa y contamina lo sacro de nuestra Orden.

B)La intuición (un elemento del cerebro visceral) como una forma de conocimiento que no alcanza el mero razonamiento.

C)Que nuestra mejora/evolución espiritual es necesariamente individual y debe poder trascender luego en la sociedad intentando dar respuesta a los retos de nuestro tiempo.

D)Y que es prioritario que nos reconozcan como hombre justos y tolerantes, como hombres buenos, antes que como triunfadores en nuestro entorno social y/o profesional.

Siendo nuestro destinatario el ser humano, tanto en sus integradas identidades a nivel individual como la colectividad de ciudadanos, y dadas las características de la Francmasonería que la hacen adecuada en las circunstancias de todo tipo, deberíamos servir de puente permanente entre la sociedad y sus instituciones así como entre las distintas sensibilidades sociales a fin de favorecer, a través de una acción acorde con nuestros principios, un progreso en paz y fraternidad.

Ello nos exige, no obstante, tener la capacidad de mantener la mente abierta, nuestro corazón receptivo, entregarnos con sincero altruismo y voluntad de servicio y no sentir mas condicionante que nuestras propias convicciones acometiendo con inteligencia y prudencia, pero sin dilación, y con firme impulso, la labor necesaria para ser nuevamente útiles a la Humanidad en esta etapa de su historia.

Para ser influyente socialmente y ayudar a los cambios necesarios no es imprescindible salir en los medios. La conveniencia del conocimiento y del reconocimiento social es un objetivo, no obstante, compatible y, sin duda, también conveniente junto a la capacidad de influir y ambos objetivos requieren, no obstante, estrategias, tácticas y programas de acción diferenciados.

Hace ya muchos años, exactamente a los 3 días de mi nacimiento físico, se aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. A pesar de ello, la historia real ya la conocemos. Nos corresponde, en base a nuestros propios juramentos, ser propagadores activos de los derechos que la citada Declaración Universal incluye.

Esta es nuestra responsabilidad ya que, si tenemos a nuestra disposición una organización, una estructura y unas potencialidades y no las utilizamos o no nos servimos de ellas, no estamos a la altura de nuestros compromisos libremente asumidos. Este es el mensaje que permitiréis os transmita con ocasión de este Convento.

No debemos, no obstante, olvidar nunca que toda nuestra actividad debe llevarse a cabo siempre a la mayor gloria del Ser Supremo.

E)CONCLUSIONES

Por último,

Como consecuencia de todo lo expuesto, y por coherencia a los valores reseñados, debe concluirse:

1º.-El objetivo de todo ser humano es la felicidad.

2º.-La felicidad requiere tener cubiertas las propias necesidades.

3º.-El ser humano, a partir de la cobertura de su supervivencia como individuo y como especie, tiende de forma natural a su perfeccionamiento, es decir al progreso.

4º.-El perfeccionamiento humano exige integrar lo ético, lo social y lo espiritual, al ser sus tres dimensiones la individual, la colectiva y la transcendente.

5º.-El trabajo es una acción natural, inherente al ser humano a quien dignifica.

6º-El trabajo es el medio, personal y colectivo, de superación y perfección, al que se debe tenazmente orientar nuestra voluntad.

7º-El trabajo es nuestra humana creación y, por ello, en espíritu nos libera.

8º-Los permanentes principios de Libertad, Igualdad y Fraternidad, aplicados en la precisa y concreta realidad, deben seguir presidiendo nuestra actuación también en la sociedad, pues nuestro compromiso y vocación con la misma nos es consustancial.

Asimismo, con plena conciencia de nuestra naturaleza, nuestras limitaciones y la posible aportación a la Humanidad, lo que exige una actitud de sincera entrega ajena al egocentrismo.

9º-En el mundo del trabajo, y especialmente en la empresa, debe priorizarse el sujeto respecto al objeto, humanizando las relaciones horizontales y verticales.

10º-Deben impulsarse las fórmulas de economía social, pues son las que mejor encauzan, en nuestro actual sistema socio económico, las relaciones interpersonales en libertad e igualdad y más equitativamente pueden distribuir los excedentes económicos derivados de la producción.

Incrementar este tipo de economía requiere mayor sentido de conciencia ciudadana y de participación social. Por tanto, mejores también los efectos derivados del sistema educativo, que debe ser objeto de profunda actualización.

11º-Debemos individualmente implicarnos, de verdad, a través de las organizaciones cívicas, culturales, sindicales, políticas, económicas, o de cualquier otra naturaleza, en el mundo de hoy, con un lenguaje claro y comprensible, pues somos también co-responsables del futuro. Pero no debemos, como Institución, pretender sustituir a ninguna otra sino perseverar en nuestra específica e insustituible razón de ser.

12º-Por todo ello, si, tomamos conciencia de lo anteriormente expuesto, programamos nuestra actual existencia integrando estos valores y los convertimos en virtudes (valor hecho acción) tendremos las mayores cotas posibles de felicidad y aceptaremos como natural nuestro retorno al Cosmos, es decir a nuestro Origen, con lo que empezaremos a vivir con menos anclajes, con mayor posibilidad de momentos felices y favoreceremos una vida en comunidad radicalmente distinta a la que actualmente se está construyendo.

Gracias.

Manuel Torres Izquierdo-33º