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Escribo este artículo en defensa de la Masonería y no en apoyo al candidato a quien voy a votar, Manuel Torres. Y me decido a expresar mi opinión en este momento, tras reflexionar sobre la oportunidad de participar en un debate sumamente interesante y que debe ser un ejemplo de respeto a nuestras tradiciones, a nuestros valores y, sobre todo, a nuestros principios. Sobre ellos sustentamos nuestra actuación como masones y como ciudadanos.

A lo largo de mi vida profana he tenido la oportunidad de participar en muchísimos procesos electorales, en varias ocasiones como protagonista principal. Y creo que hay una diferencia sustancial con el que ahora nos ocupa en nuestra Institución. La diferencia esa en que los masones somo hermanos, elegimos entre hermanos y los lazos entre nosotros son sagrados. Y eso hace que nuestra particular campaña electoral se diferencie enormemente de lo que estamos acostumbrados a vivir en los comicios de otra índole.

La masonería aporta a la cultura universal un valor de extraordinaria importancia que llamamos FRATERNIDAD. Principio de una potencia muy superior a ese otro concepto hoy en boga y que conocemos como solidaridad. Si mis semejantes son mis hermanos, no puedo limitar mis obligaciones hacia ellos por intereses espurios. Y claro está. Si todos los llamados a participar en este apasionante proceso interno somos hermanos, más fácil es poner el amor y el respeto como pilares de nuestro comportamiento en estas elecciones.

Sea cual sea el resultado, nuestro próximo Gran Maestro será un hermano muy querido  con el que hemos compartido y compartiremos sentimientos y hermosas tenidas fraternales. Creo que la inmensa mayoría de nosotros lo vemos así y estamos tranquilos. Nada hay que pueda perturbar el calor de nuestros talleres.

Por supuesto, no soy ingenuo y comprendo que puede haber algunos que traigan a nuestros debates más “metales” que valores masónicos. Pero creo que son una “inmensa minoría” –si se me permite la expresión-.

Y entrando en el debate de las propuestas, me sedujo desde el principio la propuesta fresca y concienzuda de Manuel Torres. Ha propuesto algo tan sencillo, y a la par tan difícil, de basar su programa en nuestras tradiciones y nuestros principios. Voy a referirme a tres cuestiones:

1º.- La Limitación de mandatos

Nuestra Orden es sabia. La GLE-GOE establece como norma que ningún Venerable Maestro pueda ocupar la “Silla de Salomón” más de dos mandatos. Y esta decisión no es algo caprichoso. Sirve para imprimir en nuestros corazones el valor de la humildad y el considerar a nuestros hermanos como iguales.

En mi actividad política tuve siempre muy presente este principio. Y siendo consciente que es difícil renunciar a los “sillones”, os aseguro que es muy sano y estimulante. Y además, nos previene contra la tentación de acomodar nuestras decisiones a nuestros intereses y no a los del conjunto.

Algo tan masónico como esto, me sedujo y me convenció.

2º.- Actualización de nuestra presencia en el mundo social e institucional.

El trabajo que hemos hecho entre todos estos años para combatir los prejuicios que persisten entre nuestros conciudadanos sobre la masonería, ha sido muy relevante. Y creo que todos convenimos que hemos avanzado mucho y bien. Por ello, hay que perseverar.

Manuel Torres propone algo sencillamente incontestable. Vamos a debatir, entre todos, la mejor manera de adaptar nuestras estructuras, para alcanzar el noble y loable objetivo de hacer “normal” a la masonería en la sociedad española.

Son infinitas las ocasiones en que comentamos con cierta envidia y admiración, la “normalidad” de la masonería en el Reino Unido, Francia, Estados Unidos, etc. O incluso, en países tan cercanos como Portugal o varias potencias latinoamericanas. Este objetivo es esencial para nuestro futuro.

Pero además, debería constituir uno de nuestros principales objetivos. Los masones aspiramos a mejorar como personas y a mejorar nuestro entorno. Lo dicen nuestros rituales. Así pues, apliquémonos el cuento.

Debo reconocer que este planteamiento es tan sugerente que ya por si mismo constituye un reto para una nueva etapa de nuestra Institución.

3º.- La Inteligencia colectiva

Manuel Torres me explicó que, en su visión de la Orden masónica, el Gran Maestro es un “primus inter pares”. Alguien que representa y dirige, pero apoyándose en un equipo de personas.

Me gusta esta idea. La he aplicado –y lo sigo haciendo- en mi vida profana y es tremendamente gratificante y  exitosa. Somos mayores de edad y debemos concebir la toma de decisiones como un ejercicio de inteligencia colectiva. Cuestión que es perfectamente compatible con el ejercicio de las obligaciones particulares y la asunción de las responsabilidades atribuidas a cada uno en su Oficio.

Concluyo pidiendo a todos que participemos de los debates y de las votaciones, con el sentimiento de que buscamos lo mejor para nuestra Institución y para nosotros mismos.

Txema Oleaga

Maestro Masón